Hace algunos días que quería haber escrito una entrada al respecto de los recortes de educación y las sucesivas declaraciones de la “señora” Aguirre. Sin embargo, buceando entre los contenidos de internet me he topado con este magnífico post del blog de Prof. Garín, de forma que he creído conveniente compartirlo con todos vosotros. El artículo se llama Yo sí quiero trabajar 20 horas.
Ya está bien de tanta queja. Yo sí que quiero trabajar 20 horas. Y eso que en mi comunidad todavía no se ha implantado esta medida. Tiempo al tiempo.Daré mis 18 horas lectivas y luego dos guardias más. No habrá más remedio que redactar los exámenes en uno de los cinco ordenadores que hay en la sala de profesores (los del departamento están estropeados y no se encienden siquiera). Es fácil, haré turnos hasta que me toque, pero eso sí, en mis horas complementarias. Luego copiaré el archivo en un USB y tendré que imprimirlo en uno de los dos ordenadores que hay conectados a la impresora. Puede ser que al escribirlo en el entorno Lliurex (una distribución de Linux para la Comunidad Valenciana) las fórmulas se vean mal porque los ordenadores que pueden imprimir van con Windows XP; los de Lliurex no tienen drivers para controlar la impresora. Pero eso es el día a día. Acortaremos las reuniones de departamentos y las de tutores para que nos dé tiempo a los 60 profesores que somos.
Tampoco voy a hacer la reunión con los padres. Sí, soy tutor de un 3º de la ESO pero los padres tendrán que venir en la correspondiente hora de atención a padres. Este curso no voy a pedir las libretas porque no me daría tiempo a corregirlas en las horas complementarias y no es cuestión de llevarse el trabajo a casa, que son horas extras y no las pagan.Para corregir los exámenes voy a usar un método tan antiguo como eficaz (por lo rápido):
1. Se hace un círculo de tiza en el suelo (1,5 m de radio es suficiente)
2. Se lanzan los exámenes al aire.
3. Los que caen dentro aprueban, obteniendo más nota cuanto más cerca del centro se encuentren; los que caigan fuera, suspensos.
Esto garantiza que las notas siguen una gaussiana, aunque no he calculado cuál es la media y la desviación típica (depende fuertemente de la superficie del recinto donde se lancen los exámenes).Si tengo que llamar a algún padre lo haré cuando haya un rato. Si fuera ortodoxo lo haría sólo en la hora de padres o la segunda hora de tutoría, pero yo soy muy flexible. Incluso aceptaría hacerlo algún recreo. Si toca el timbre de la clase siguiente o el de acabar la jornada colgaré inmediatamente el aparato y a otra cosa. En la próxima hora de padres (a la semana siguiente) continuaré la conversación. Se acabó también hacer actividades extraescolares (son horas extras que no se cobran aunque uno recibe créditos (i. e. horas canjeables como cursos y puntos para los concursos de traslados u oposiciones)). A jugar al parque.
Tampoco creo que me dé tiempo a prepararme las clases. Puede que si en alguna guardia no tengo que sustituir a algún compañero me lea por encima lo que voy a contarles. Total, nadie va a notar la diferencia. Lo siento por mis alumnos de bachillerato de ciencias pero tengo una gran capacidad para la improvisación, y si no es así, ya la iré puliendo este curso.
Tampoco me da tiempo a realizar ningún curso de formación docente. Bueno, miento, puedo hacer uno telemático. Quizás tenga suerte y justo en alguna hora complementaria de atención al centro puedo acceder a uno de esos cinco ordenadores con conexión a internet. Será duro convencer a los profesores que necesitan redactar su examen, pero ya me inventaré algo.
Esto sería lo fijo, pero puede ser que, además, me nombren instructor de un expediente, como ya me ha pasado alguna vez. Recordemos que me tendría que entrevistar con el alumno en cuestión y sus padres y luego decidir la medida disciplinaria correspondiente. A esto sí que le daría prioridad y si hay que un examen por trimestre para que me dé tiempo, pues se hace, se corrige con el método ya nombrado y listo.
Ah, claro, cómo olvidarlo. Las evaluaciones. No puedo ir a esas sesiones fuera del horario lectivo, ¡yo tengo vida! Ya las haremos durante el recreo en la cafetería (así podríamos coincidir todos los profesores del curso). Puede que quede un poco ajustado, ante la duda que la directora elija la nota (ya lo hace).
Quiero trabajar 20 horas pero se me hace cuesta arriba. En fin, lo que sea para contribuir al progreso de la educación y del país.